¿Quién es Dara-san?
Imagínate que vas caminando por un cerro prohibido, saltas una cerca de alambre de púas y, en lugar de que te salga el susto de tu vida, te encuentras con una deidad mitad humana y mitad serpiente que solo quiere que le invites un refresco o echar el coto. Así de extraña y divertida es la premisa que nos presenta este personaje. Dara-san es, técnicamente, una deidad de la desgracia o un espíritu maldito con un aspecto que daría pesadillas a cualquiera: tiene varios brazos, un cuerpo serpentino y una presencia imponente; sin embargo, en la era moderna, esta criatura ha resultado ser más torpe y solitaria que peligrosa, funcionando como el blanco perfecto de las bromas y el cariño de un par de hermanos humanos que no le tienen ni tantito respeto a su estatus de espectro maldito legendario.
La realidad detrás de esta entidad es mucho más profunda y triste de lo que sus momentos de comedia sugieren. Hace siglos, antes de ser conocida por todos como Yamatagi Madara, ella era una joven sacerdotisa que vivía en una aldea de montaña. Lamentablemente, la envidia de su hermana y los rituales oscuros de los aldeanos la llevaron a un destino cruel, siendo sacrificada de una forma brutal. Ese rencor acumulado por la traición y el dolor físico la terminaron corrompiendo, dando paso al nacimiento de Yamatagi Madara, un ser monstruoso sediento de venganza. Esta dualidad entre su pasado trágico y su presente lleno de situaciones absurdas es lo que vuelve a la trama algo tan especial.
La dinámica con la familia Misogiya es el motor principal de las risas. Estos hermanos son los encargados de cuidar las tierras donde habita la deidad, pero lejos de tratarla con pincitas, se llevan con ella de forma pesadísima. Aquí te detallamos quiénes son los que le quitan el sueño a Dara-san:
- Hinata Misogiya: Es la hermana mayor y la definición de una chica que no le teme a nada. Tiene unos nervios de acero y trata a la deidad serpiente como si fuera una compañera de clases con la que puede flojear todo el día. Su actitud relajada es lo que más saca de quicio al espíritu, quien intenta verse aterradora sin éxito alguno.
- Kaoru Misogiya: El hermano menor es el toque de ternura en la historia. Aunque es el heredero varón del clan, tiene una apariencia delicada y una personalidad muy amable. Él es quien realmente se preocupa por si la deidad ya comió o si se siente sola en su templo abandonado, tratándola con una dulzura que desarma cualquier intento de maldición.
Vivir bajo una maldición suena a algo terrible, pero para nuestra protagonista es casi una rutina burocrática. Por un lado, la leyenda dice que cualquiera que entre a sus dominios sufrirá desgracias terribles, algo que ella presume con mucho orgullo pero que nadie parece tomar en serio. Por el otro, la verdadera maldición la carga ella misma, al estar atada a un santuario por siglos debido a su naturaleza impura. Es una soledad eterna que solo se ve interrumpida por las ocurrencias de los niños Misogiya, quienes han convertido su existencia milenaria en una serie de aventuras cotidianas donde lo más importante no es asustar, sino disfrutar de los placeres modernos que antes no existían.
Esta deidad representa esa parte de nosotros que se siente fuera de lugar o que carga con un pasado difícil pero que, al encontrar a las personas adecuadas, puede relajarse y ser uno mismo. La interacción entre el mundo espiritual y la vida diaria está llena de momentos donde lo grotesco se vuelve tierno. No cabe duda de que encontrarse con Dara-san en medio del bosque sería una experiencia inolvidable, no por el miedo a morir, sino por la posibilidad de compartir una charla amena con un ser que solo busca un poco de compañía y un buen trago de soda para pasar el rato mientras vigila sus montañas.
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