Lo bueno, lo malo y lo feo de BanG Dream! YUME∞MITA
Si creías que todas las agrupaciones de chavas en el anime eran puras sonrisas y pastelitos, la neta te hace falta echarle un ojo a lo que traen estas jóvenes de la banda Mugendai Mewtype. Esta nueva propuesta nos lanza a una licuadora emocional donde cinco chicas intentan sobresalir en una industria que no perdona ni el más mínimo error. Aquí no solo se trata de ensayar hasta que los dedos duelan, sino de sobrevivir a las broncas internas y a una realidad virtual que a veces se siente más real que el piso que pisan. La historia se siente fresca porque no intenta venderte la idea de que ser una ídolo es un paseo por el parque; al contrario, te muestra los raspones y las caídas que vienen con el paquete.
Lo que se lleva las palmas
Para empezar, la dinámica entre los personajes es lo que realmente te mantiene pegado a la pantalla. No son las típicas monas chinas planas; cada una tiene sus mañas y sus miedos bien marcados. Por ejemplo, Arale Nakamachi es un torbellino de energía que habla a mil por hora, pero carga con un sentimiento de culpa que le mete muchísima profundidad a la trama. Su relación con Ritsu es el gancho perfecto para que te intereses por lo que les pasa. Además, la parte técnica es harina de otro costal. El trabajo del estudio NICHICALINE es muy lúcido, logrando que los escenarios digitales y los avatares luzcan de diez sin que se sientan fuera de lugar con el resto de la animación.
Otros puntos que están bien chidos son:
- Las secuencias de conciertos tienen un movimiento de cámara que te hace sentir en medio del slam.
- La música producida por Bushiroad Music es pegajosa a morir, especialmente ese tema de apertura que te dan ganas de poner a todo volumen en tus audífonos.
- El diseño de personajes es colorido y muy original, alejándose un poco de lo que ya estamos acostumbrados a ver en otras franquicias similares.
- La actuación de voz transmite de forma excelente la ansiedad social y los nervios de las protagonistas.
BanG Dream! YUME∞MITA y sus tropiezos
A pesar de que el ritmo es bueno, hay cosas que pueden sacar de onda a los que buscan algo más convencional. Lo que más brinca es el contraste tan fuerte entre la estética colorida y las letras de las canciones. Te presentan un escenario lleno de luces neón y chavas súper tiernas, pero cuando le pones atención a lo que están cantando, te topas con temas de soledad y vacío existencial. Ese cambio de humor tan repentino puede sentirse como un cubetazo de agua fría. Tampoco podemos ignorar que, en el fondo, la fórmula de “grupo de amigas que superan obstáculos” ya se ha usado hasta el cansancio. Si ya estás harto de este género, puede que sientas que no están inventando el hilo negro, aunque lo que cuentan esté bien estructurado.
La parte que de plano está de la patada
Entrando en terrenos más escabrosos, lo “feo” de esta historia es el nivel de trauma que manejan. No es un drama ligero; aquí vemos a personajes lidiando con un pánico escénico paralizante y una autopercepción bastante dañada. La manera en que Arale se castiga a sí misma por lo que pasó en su grupo anterior llega a ser dolorosa de ver. Además, el síndrome del impostor está presente en cada una de ellas, mostrando cómo las redes sociales y el streaming pueden destrozar la salud mental de alguien en un abrir y cerrar de ojos. Las discusiones entre ellas no se resuelven siempre con un abrazo; a veces quedan resentimientos que se sienten muy reales y que te dejan un sabor de boca agridulce, recordándote que la fama tiene un costo emocional muy alto que no todos están dispuestos a pagar.
Es evidente que el salto de calidad respecto a las primeras temporadas de la franquicia es enorme. Ya no tenemos esos problemas de animación donde las caras se deformaban a media canción; ahora todo se ve nítido y fluido. Aunque los cambios entre la vida cotidiana y el entorno virtual a veces se sienten un poco accidentados, la narrativa logra que te importe lo que les pase a estas chavas más allá de si más allá de si logran llenar un estadio o no. La apuesta por mostrar la vulnerabilidad humana detrás de un monitor es lo que realmente le da peso a BanG Dream! YUME∞MITA, convirtiéndola en una experiencia que golpea directo en la realidad de muchos jóvenes actuales.
Lo feo de la fama digital
Entrando en terrenos más escabrosos, lo “feo” de esta historia es el nivel de trauma que manejan. No es un drama ligero; aquí vemos a personajes lidiando con un pánico escénico paralizante y una autopercepción bastante dañada. La manera en que Arale se castiga a sí misma por lo que pasó en su grupo anterior llega a ser dolorosa de ver. Además, el síndrome del impostor está presente en cada una de ellas, mostrando cómo las redes sociales y el streaming pueden destrozar la salud mental de alguien en un abrir y cerrar de ojos. Las discusiones entre ellas no se resuelven siempre con un abrazo; a veces quedan resentimientos que se sienten muy reales y que te dejan un sabor de boca agridulce.
Este enfoque en la ansiedad social y el miedo al fracaso hace que el espectador se cuestione qué tanto estamos dispuestos a sacrificar por un par de “likes” o vistas en un video. Las chicas de Mugendai Mewtype son el reflejo de una generación que busca desesperadamente su lugar, pero que se siente perdida entre filtros y personajes ficticios. La crudeza con la que se tocan estos temas es lo que separa a este proyecto de otros más simplistas, dándole una identidad propia que no teme mostrar las cicatrices de sus protagonistas.
Para quienes buscan algo que se sienta auténtico y que no le saque la vuelta a los problemas de la vida real, esta serie es una opción obligada. Las fallas en la comunicación y los choques de ego son parte del aprendizaje, y ver cómo estas cinco amigas intentan sanar mientras crean algo nuevo es un viaje que se disfruta de principio a fin. BanG Dream! YUME∞MITA termina siendo una lección de que, a veces, para poder brillar en el escenario, primero hay que aprender a lidiar con la oscuridad que uno lleva dentro.
Publicar comentario